Todos conocemos la fatiga o el cansancio que sobreviene después de realizar un esfuerzo físico o intelectual intenso; y sabemos que – en estos casos – el mejor remedio para recuperarnos es el reposo. Sin embargo existe una condición llamada astenia que es, a diferencia de la fatiga, espontánea, duradera y no cede al reposo. La persona que padece astenia, la experimenta – incluso – antes de realizar cualquier gasto de energía.
Las manifestaciones más frecuentes son cansancio intenso, dificultad para la concentración, alteración del sueño, depresión, dolor de cabeza y disminución del deseo sexual.
Las causas posibles de la astenia son numerosas, entre ellas se pueden mencionar: padecimientos infecciosos, una cirugía, desnutrición, edad avanzada, iatrogenia (por ejemplo, la asociada con el uso de glucocorticoides), depresión, estrés continuo e insuficiencia cardiaca y renal. La astenia se deriva de la acumulación de desechos tóxicos en los músculos, produciendo la sensación de cansancio.
La astenia, independientemente de su causa, tiene un gran impacto en la vida de las personas: afecta su capacidad de trabajo, su vida sexual y/o incluso su vida emocional.
Tratamiento
Hoy se dispone de una terapia antiasténica considerada como corrector metabólico, el cual actúa estimulando dos procesos naturales que contribuyen a limitar las manifestaciones de astenia, reactivando la producción de energía por una parte, y por la otra, reduciendo la acumulación de productos tóxicos nitrogenados.
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